Las espadas de "ostentación"

Por Jose Antonio Solís

Incluso para muchos aficionados a las armas antiguas existe la creencia de que las espadas solamente tenían dos cometidos, el de uso militar y el que podríamos llamar civil en el que se encuadran las espadas que suelen llamarse "roperas" y que yo prefiero llamar de "traje" o si se prefiere de "vestir" para alejarnos de la denominación traída del anglosajón "rapier". El uso de las primeras es tan evidente que no precisa comentario, el de las segundas podríamos a su vez dividirlo en dos cometidos con el denominador común de ser parte esencial del traje de la época para todo el que se preciara en un amplio espectro que incluía a nobles, simples hidalgos, soldados, burgueses con pretensiones, y ministriles varios que iban desde cuadrilleros a covachuelistas. Vamos, toda la ralea que se consideraba superior al villano o pechero que era el que pagaba los impuestos, claro. De ahí la expresión tan española de: "de dar el pecho", que en principio no quería decir que se mostraba valentía sino hacer un esfuerzo (quizá con un deje de ironía).
Dentro de las espadas de traje, y aunque en principio todas podían ser destinadas a la defensa personal, las hay que claramente no tenían más cometido que el de ser un complemento del mismo, un adorno. El coleccionista puede apreciarlo cuando tiene la suerte de que caiga uno de esos ejemplares en sus manos y puede ver que el trabajo de la guarnición no se corresponde con la pobreza de la hoja, o incluso al comprobar que siendo excelente carece de filo. Otras, en cambio, muestran una hoja de mayor o menor calidad (que una buena espada era cara) pero nada mas verla se nota que estaba destinada a escabechinar a quien se terciara: punta aguda o semicircular, pero con un filo que se extiende a los mismos y que aunque ya nos llegue mellado o deteriorado nos hace comprender que en su tiempo cortaba muy bien. A veces tenemos más suerte y hasta podemos observar las huellas de un persistente afilado, en algunos casos se nos antoja imaginarlo casi cariñoso, realizado con mimo y esmero; eran sin duda espadas de alguien que no las portaba simplemente para adornarse o mostrar su posición social.

Pero hay un tercer uso de las espadas que no suele citarse: El de la "ostentación".

La primera vez que tuve noticia del significado que ahora nos va a ocupar no fue en relación a las armas blancas, sino a la numismática, pero resultó, como veremos luego, que el objetivo era el mismo.
Fue en una subasta una de las monedas míticas de la numismática española, los “cinco trentines”, moneda que venía referenciada como de “ostentación de oro”, de 35 gramos de peso y acuñada en Barcelona por los años reinado de Felipe III.
El trentín era una moneda de oro que se acuñó en Cataluña durante los reinados de Felipe III y Felipe IV, con un peso de siete gramos, mostrando las efigies afrontadas de los Reyes Católicos a imitación de las monedas que, desde finales del siglo XV fueron acuñadas por ellos con el nombre de “doble excelente” en diversas cecas de Castilla y al parecer también de Andalucía.
Pero los "trentines" no estaban destinados a circular como moneda. ¿Cuál era entonces el motivo de su fabricación? Pues el de servir de obsequio a los propios reyes y a ciertos personajes de evidente importancia.
En una época en la que "el qué dirán" era capital y un noble debería mostrar desdén por el dinero, en apariencia claro, el regalar un dinero que en realidad todos sabían no era para circular (pero con su valor y su oro, eso sí) parecía solucionar las apariencias. Era "más elegante" regalar "trentines" que un saco de monedas.
Esta práctica dio lugar a la aparición de diversos objetos que por sus características de tamaño o riqueza recargada no podían estar destinados al uso ordinario, sino al regalar sin ofender al obsequiado con algo de fin práctico. No olvidemos que el Siglo de Oro fue un periodo donde el objetivo ambicionado por todos era el "vivir noblemente" (es decir sin dar palo al agua) y la quisquillosidad en el trato y las apariencias llegó a extremos que se nos hace difícil comprender si no entramos en la mentalidad de aquél entonces que obligaba al que se consideraba hidalgo a protestar airadamente si era condenado a muerte y no se le aplicaba el degüello a que tenía derecho.
En cualquier caso los objetos de "ostentación" no podían ofender en su entrega ya que no iban a ser destinados al uso y por tanto eran signo de magnificencia del que "nada necesita".
En este concepto casi filosófico, y bastante social para las relaciones de alto nivel de entonces, debemos clasificar las pocas espadas de este tipo que nos llegan. Espadas que sabemos se deben clasificar así cuando son grandes, tan grandes que no se ve posibilidad racional de usar como tales, y su factura es de gran calidad.

Vamos a ver una que podemos clasificar así.

Tenemos una espada flamígera española cuya factura es excelente. Se trata de una pieza de gran tamaño (126cm de longitud total) con una hoja ondulada realizada así en la misma forja en un trabajo complejo de gran maestría que se extiende a la guarda mostrando una labor muy hermosa en forma retorcida de cintas o bandas (en un estilo que recuerda a las columnas salomónicas típicamente barrocas). La empuñadura es de madera de buena calidad que no muestra síntomas de carcoma ni hongos, recubierta de torzal en cadeneta de acero con en el estilo anteriormente citado que fue parcialmente recubierto con una grasa ahora solidificada. El conjunto es una pieza espectacular casi con seguridad podemos encuadrarla dentro de las piezas realizadas con fines de obsequiar a un personaje del más alto nivel. Me llegó procedente de una colección británica que la tenía datada en el siglo XVII, lo que también coincidiría en fechas con los citados "trentines".

Habría que aprovechar y reflexionar aquí el motivo por el que una gran parte (casi me atrevería a decir que la mayor parte) de las espadas españolas antiguas que encontramos proceden de colecciones británicas y de las de sus primos americanos. Y es que desgraciadamente siempre hemos sido los primeros en no valorar lo nuestro conservándolo debidamente.

 

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