Sobre las puntas y filos de las espadas de traje españolas

Por Jose Antonio Solís Miranda

Esta son unas reflexiones sobre las puntas y filos de las espadas de traje españolas en los siglos XVI y XVII aprovechando el estudio de una pieza.
La idea general sobre las espadas de traje o vestir (para los anglohablantes "rapier" que aquí suele traducirse por ropera) que tiene normalmente el gran público, tan influenciado por películas y novelas, está muy equivocada en varios aspectos de los que vamos a escribir ahora.

Veamos un caso práctico.

Estoy examinando una espada ropera con hoja fabricada en Toledo entre los siglos XVI y XVII.
La hoja lleva diversas marcas de las que la más próxima a la guarnición y las dos iguales al final de las letras parecen las del armero, las letras aunque algo borradas ponen: Por un lado IOANES y por el otro F. TOLEDO sería por tanto el nombre del armero Ioanes = Juan y F. Toledo = fecit Toledo = hecho en Toledo.
La hoja parece genuina del periodo entre los siglos XVI y XVII entre otros motivos por la forma en que está producido el desgaste de las letras que parece natural por los siguientes motivos: los rebajes en los bordes no presentan la uniformidad típica de los producidos intencionadamente o las irregularidades imitadas ya que tienen pérdidas que atentamente examinadas se revelan como producidas por ligeros puntos de antiguo óxido todos diferentes y algunos que observados al adecuado lente de aumento están subdivididos en manera minúscula, pero compuesta, de compleja sino imposible imitación; estando todo el conjunto sometido a una erosión uniforme dentro de la desigualdad. Las letras o signos en la hoja es la parte más sensible al deterioro en las limpiezas por tratarse de letras grabadas una vez forjada la pieza y carecer por tanto de la natural protección que se produce en la superficie de la hoja en el forjado y posterior pulido uniforme que deja menos resquicios a la oxidación y menor resistencia al desgaste. En los aceros de esa época los efectos citados se aprecian además de una forma característica muy prolija de explicar ahora.  

La punta aparece algo roma y en forma semicircular que yo me inclino a creer que es la forma original y no el producto de solucionar un despunte o el simple desgaste ya que, pese a la creencia general, las espadas de traje no solían tener muchas veces una punta aguda afilada. Sobre todo después de finales del XVI al extenderse el uso de la espada de taza con rompepuntas que hacía muy vulnerables a las hojas con punta fina y aguda, además la punta aguda aparentemente penetra mejor pero también tiende a embotarse si choca con un alguna defensa o simplemente al clavarse en un hueso, la punta semicircular en cambio resbala más fácilmente ante cualquier obstáculo y consigue una mayor penetración de lo que parecería en las circunstancias antes descritas.
Naturalmente la penetración siempre será mejor si la punta es aguda, pero a cambio de que no tropiece por el camino.
Estamos hablando de espadas de traje, armas destinadas a llevar como su nombre indica con el vestido o traje ordinario y por supuesto (en principio claro) sin ninguna clase de peto, coleto o coraza que eran para uso militar, no civil. Sin embargo no es descartable, de hecho algunas pinturas (y textos) de la época parecen corroborarlo, que no fuera nada inusual el que personajes con vida de riesgo fueran al menos en ciertos momento equipados con esas piezas protectoras, de manera similar a como hoy en día se utilizan los chalecos antibalas; aparte de servidores de la autoridad y el orden como cuadrilleros, corchetes, etc. Es por tanto de suponer y así lo atestiguan las espadas conservadas, que durante el periodo que nos ocupa convivieron las armas de punta aguzada con las de punta semicircular.
En ambos casos: aguda o semicircular, la punta mantenía un afilado muy fino y pronunciado que se extendía a los propios filos. Menos, según parece, en los casos en que decididamente no se pensaba usar el arma para defensa o ataque personal y era un simple y efectivo complemento al traje, imprescindible para un caballero de la época como para nosotros ahora la corbata al traje de vestir
Repetimos que se trata de espadas de vestir para uso civil, no de las militares que no podían tener el mismo filo al estar destinadas a batirse con enemigos protegidos cuyas defensas dañarían fácilmente el filo fino que, cuanto más afilado, más fácil de mellar al chocar con una coraza o rodela.
Pero esto ya forma parte de un mito, el de que las espadas antiguas de combate estaban siempre muy afiladas, lo que no es cierto.

 

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